en manos de Dios

mayo 23, 2014 § Deja un comentario

La experiencia de encontrarse en manos de lo que nos sobrepasa no necesariamente conduce al Dios cristiano. Esta es, de hecho, la experiencia de la tragedia clásica. Así, podemos fácilmente admitir que el orden natural de las cosas no constituye una última palabra. Que estamos, en definitiva, en manos de una última voluntad o capricho. Pero ¿quién puede asegurarnos que esa última voluntad es una buena voluntad? O, por decirlo de otro modo, podemos admitir que estamos en manos de Dios. Pero ¿quien nos dice que Dios es bueno? ¿Que no se trata, simplemente, de un poder que juega con nosotros como los niños pueden jugar, cruelmente, con las hormigas del jardín? Decir: yo lo sé porque así lo siento en lo más profundo de mi corazón es hacer el ridículo. Los judíos llegaron a esta conclusión por una vía menos narcisista: si no ha habido otro Diluvio es porque Dios no quiere, no porque no hayamos hecho méritos. Será que Dios es bueno. Esto es: estamos en manos de Dios y el hombre no merece vivir. Ergo, Dios es misericordia y la historia un tiempo de prórroga, estrictamente, una medida de gracia. De ahí que cuando creemos, a la manera de Rousseau, que el hombre es bueno por naturaleza, que nos merecemos la vida que nos ha sido dada, al fin y al cabo, que nuestra justificación no depende del juicio de Dios, fácilmente creamos que el mundo gira a nuestro alrededor. Y de ahí a ser unos perfectos estúpidos, hay un paso. Aunque Dios se haya refugiado en los recovecos del corazón. O quizá por eso mismo.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo en manos de Dios en la modificación.

Meta