la suspensión de la credibilidad

mayo 23, 2014 § Deja un comentario

Cuando vamos a ver una representación de Hamlet y, de repente, aparece en escena el fantasma del padre, no nos levantamos y decimos:»¡eso no tiene sentido, los fantasmas no existen!». La cuestión acerca de si creo o no en la existencia de espectros, no viene al caso. Podemos dar por hecho que no existen, pero seguimos sentados en nuestras butacas como si los espectros existieran. Pues bien, algo parecido podríamos decir con respecto a las misas. En las eucarístias, la mayoría de los creyentes dice cosas acerca de Dios que, en la vida de cada día, no puede dar por ciertas. Que si fue crucificado (¡un dios!), que si resucita a los muertos, que si es tres en uno… De ahí que la misa cristiana esté cada vez más cerca de ser una representación, si es que no lo es ya. Aparentemente, estamos diciendo que el rito principal de la vida cristiana no es más que un espectáculo. Sin embargo, no se trata de esto. Pues es posible que la verdad del rito no resida en el hecho de poner en escena lo que, de otro modo, somos capaces de vivir fuera de ella, sino en el hecho de que acaso solo teatralmente podamos vivir esa verdad que, por su mismo carácter o por el simple paso del tiempo, ha quedado fuera de nuestro alcance. Además ¿quién dijo que Dios pudiera vivirse en directo o, como muchos dicen aún, auténticamente?

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