le Mal

junio 11, 2014 § Deja un comentario

Si pudiéramos arrancar el mal de raíz ¿lo haríamos? Probablemente sí. Pero ¿deberíamos hacerlo? Mejor dicho, ¿en nombre de qué—o de quién? ¿Acaso no echaríamos al niño por el desagüe junto con el agua sucia? ¿No nos quedaríamos entonces sin la posibilidad del Bien? ¿Es que, detrás de cada genocidio, no hubo la voluntad de «arrancar las malas hierbas»? ¿Acaso no es cierto que el Bien solo puede realizarse dejando de ser enteramente bueno, que la moral solo puede realizarse como política? ¿No fue la causa de nuestros males el conocimiento del Bien y del Mal? ¿Acaso no fue Lucifer un ángel de Dios, el espíritu que con su negación hizo posible lo otro de Dios, al hombre mismo? ¿Acaso no es bajo el dominio del Mal que el hombre puede experimentarse como criatura, como ser que depende por entero de Dios—de su veredicto, de su voluntad, de su medida de gracia—? Y, sin embargo, sigue siendo tan cierto como antes que nadie puede admitir dialécticamente los campos de la muerte.

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