gramáticas cristológicas

junio 13, 2014 § Deja un comentario

Es sabido que el lenguaje suele jugar malas pasadas. Así, por ejemplo, cuando cristianamente se dice que la Cruz es el acontecimiento de Dios. El problema está en el «de», pues sugiere que Dios en cierto sentido se encuentra más allá de su acontecimiento. ¿Acaso hemos de entender que Dios se encarna en Jesús como la Belleza pueda hacerlo en Diane Kruger? Si esto fuera así, no hubieran hecho falta las alforjas del dogma. Si Dios acontece en la Cruz, entonces Dios por entero en esa Cruz y por tanto Jesús no es simplemente la manifestación de un Dios que, en cierto sentido, se encuentre por encima de su manifestación. Jesús no es, por tanto, un caso ejemplar de Dios —Jesús no es divino como pueda serlo un César—. Pero tampoco Jesús fue un dios paseándose por la tierra. Dios y hombre verdaderos. Esto es, ni solo Dios, ni solo hombre. Traducción: el marco conceptual de la religión —aquel que da por descontada la división entre Dios y el hombre— salta hecho pedazos en el acontecimiento de la Cruz. De ahí aquello tan cristiano de que Dios, en la Cruz, se vacía de su divinidad.

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