fe y ciencia

junio 15, 2014 § Deja un comentario

Dice el papa Francisco en la entrevista de Henrique Cymerman: el enfrentamiento entre ciencia y fe tuvo su auge en la Ilustración, pero que hoy no está tan de moda, gracias a Dios, porque nos hemos dado cuenta todos de la cercanía que hay entre una cosa y la otra. […] En líneas generales, lo más actual es que los científicos sean muy respetuosos con la fe y el científico agnóstico o ateo diga «no me atrevo a entrar en ese campo». ¿Es esto así? ¿Acaso la Iglesia, en este asunto, no seguirá el principio de si no puedes con ellos, únete a ellos? Por suerte, el papa no siempre habla ex cathedra. Pues, no tengo tan claro que ciencia y fe jueguen en la misma cancha. Esto es, no tengo tan claro que la noción de realidad que maneja la ciencia sea compatible con aquella que nos permite afirmar la realidad de Dios. Es posible que la tregua entre fe y ciencia sea actual. Pero lo actual nunca fue un criterio para la verdad. Lo actual suele ser un lugar común, lo que se dice un tópico. Y un tópico es simplemente aquello que se da por cierto. Esto es, aquello que, de facto, no se discute, lo cual no implica lógicamente que sea indiscutible. Un tópico suele ser ese polvo que ponemos debajo de la alfombra para que no se esparza por el salón. Es cierto que algunas presentaciones de la fe sintonizan, en el sentido musical de la expresión, con los misterios de la mecánica cuántica. Sin duda, hay en el mundo cosas que se nos escapan. Entonces ¿por qué Dios —se dice— no podría tener un lugar en este mundo? Es cierto que muchos cristianos creen que, gracias a la física contemporánea, es posible volver a hablar legítimamente de Dios, al menos de Dios como misterio. Sin embargo, la mirada científica no puede admitir a Dios como tal. Pues supongamos que descubriera la existencia de algo así como una mente creadora o una fuerza fundamental, principio de tot plegat. Es obvio que aún quedaría pendiente que eso pudiera ser admitido como Señor de nuestra entera existencia. Bíblicamente, Dios en verdad nunca se reveló como poder (sobre)natural. Al contrario. ¿Acaso Dios, cristianamente, no se revela en la impotencia de un crucificado? ¿Acaso Dios no se vació de divinidad para que los hombres fueran capaces de Dios, capaces de responder a su voluntad? ¿Acaso no decimos que Dios tiene que desaparecer para que aparezca en el rostro de los abandonados de Dios? ¿Acaso, bíblicamente hablando, no nos encontramos en manos de Dios solo cuando nos ponemos en manos del pobre? Todo lo que supone hacer de Dios un dato, aunque se trate de un dato misterioso, nos lleva de regreso a las limpias aguas del mito. Pues el mito se caracteriza, precisamente, por naturalizar la trascendencia de Dios, la cual no se comprende como algo propio de otro mundo (eso sería naturalizar a Dios), sino como la de lo otro del mundo.

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