Confucio

junio 20, 2014 § Deja un comentario

Hay ciertas verdades espirituales que son innegables. Suelen encontrarse en la gran mayoría de las religiones. En definitiva, son aquellas que giran en torno a la primacía del otro. Como si, al fin y al cabo, no hubiera otro camino que aquel que hace que dejemos de importarnos. Confucio podría perfectamente ser uno de los nuestros. Sin embargo, lo cristiano no tiene que ver con lo que hacemos, sino con el en nombre de quién hacemos lo que hacemos. Así, un santo cristiano puede ser tan austero como un maestro zen. Ambos serán igualmente ejemplares para quienes busquen ir más allá de su estómago, como quien dice. Pero un santo cristiano no es austero por las bondades espirituales de la austeridad misma. Un santo no puede soportar comer de más mientras haya quien no tiene qué llevarse a la boca. Para un santo comer de más no es debilidad. Es pecado. Aquí la virtud no es un medio, ni tampoco un fin, sino algo así como un daño colateral.

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