lencería fina
junio 20, 2014 § Deja un comentario
¿Acaso la irrupción del monoteísmo no supone hacer de Dios, literalmente, una abstracción? En los inicios, un dios es un hecho. Así, hubieron dioses como hoy en día hay tornados o erupciones volcánicas. ¿Cómo fue posible el paso de un dios concreto, palpable, al Dios de Isaías, un Dios que, en palabras de Simone Weil, brilla por su ausencia? ¿Acaso la confianza en un Dios que está por ver no se halla más cerca del ateísmo que de la religión? ¿Cómo es posible tratar con ese Dios? ¿Acaso no fueron los judíos los primeros en comprender que invocar al Dios invisible es como clamar ante un muro? Más aún: hacer de ese Dios el objeto de nuestra intimidad ¿no supone caer en las miasmas del narcisismo? ¿Es que un Dios demasiado íntimo no pierde por el camino su alteridad? ¿Acaso no malinterpretamos el interior intimo meo de Agustín cuando hacemos de Dios un efluvio emocional?