big questions, poor answers
junio 25, 2014 § Deja un comentario
No tengo claro que las grandes preguntas —el de dónde venimos, qué somos, adónde vamos, en definitiva, de qué va todo esto— admitan una respuesta. Pues, supongamos que pudiéramos decir, por ejemplo, que estamos aquí para purgar un karma. O que venimos de una ultra matriz cuántica a la que algunos, seguro, llamarían «Dios». ¿Acaso nos quedaríamos tan a gusto? Mientras haya un yo por en medio, difícilmente estaremos en paz. Y es que el yo es inevitablemente una insatisfacción consigo mismo, una inquietud. Y es que el yo, ante el todo, no puede evitar preguntarse ¿y eso es todo? Un yo siempre exige más, aunque no sepa a ciencia cierta en qué consiste ese más. El yo, por defecto, se halla fuera de cualquier satisfacción, de cualquier mundo con sentido. El yo aspira a una paz que no puede aceptar para sí mismo. De ahí que existamos en medio de esas preguntas que no admiten respuesta.