sobre el horror
junio 28, 2014 § Deja un comentario
A estas alturas ya sabemos quienes son las flos mariae: probablemente, una pobres chicas. Sin embargo, ¿a qué responde la repulsión que nos provocan? ¿Acaso no son ellas las que se toman en serio, al proclamarlo sin rubor, aquello del amor de Dios? ¿Acaso no será que los creyentes más vergonzantes, más que creer, creen que creen? Las flos mariae: Dios nos ama y punto. Así lo siento, así lo anuncio. ¿Es que se le puede exigir sobriedad a quien se siente salvado por el amor de Dios? Sin embargo, las flos mariae padecen el mal de altura: demasiada efusividad, demasiado delirio. En este sentido, las flos mariae son la caricatura de un cristianismo fuertemente sentimentalizado. La diferencia entre ellas y quienes creen que Dios existe porque así lo sienten cuando se abrazan en las jamsession de turno es simplemente de grado. Por eso cuando proclaman el amor de Dios propiamente no se hace presente el amor de Dios, sino el yo que se siente amado por Dios. Aún hay demasiado yo ahí como para que podamos creerlo.