más sobre la trans
junio 30, 2014 § Deja un comentario
Uno de los tópicos que más corren por los pagos de la nueva espiritualidad es aquel que, de la mano de la fenomenología de la religión, sostiene que cada creencia es un modo entre otros de experimentar una misma divinidad. Así, lo relevante, espiritualmente hablando, no sería el dios en el que uno pueda creer o confiar, sino el hecho mismo de creer en algún dios. Sin embargo, quienes, desde las canchas cristianas, hacen tan buenas migas con esta nueva tendencia —o quizá no tan nueva— deberían preguntarse cómo íntegrar la crítica bíblica al falso dios, si es que aún consideran que deberían hacerlo. Porque el falso dios es, precisamente, un dios, un poder sobrenatural. A pesar de los que quieren darnos a entender algunos, el idólatra no es solo el que hace del dinero, el prestigio o el sexo salvaje una divinidad. El idólatra no es un «sucio materialista», sino alguien que posee una sensibilidad religiosa. Hay que tener en cuenta esto último para captar el alcance del monoteísmo. Pues, la irrupción del monoteísmo supone la imposibilidad de ubicar a Dios en otro mundo. Es así que el creyente bíblico comprende, por lo común a base de muchos palos, que no hay nada de sobrenatural en el poder sobrenatural. A Isaías nunca se le hubiera ocurrido decir que el culto a Baal fuera otro modo de relacionarse con la divinidad. Y eso que lo tenía fácil. Pues, como es sabido, Baal era adorado como «el padre de todos los dioses», el «creador», el dios «supremo y bondadoso». Casi lo mismo.