los dos lobos
julio 1, 2014 § Deja un comentario
Hay una fábula que cuenta lo siguiente: dentro de cada uno de nosotros habitan dos lobos que luchan a muerte entre sí. Uno de los lobos es la maldad, el temor, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, la mentira, el orgullo, el sentimiento de inferioridad (y su contraparte, el de superioridad)… El otro es la bondad, la alegría, la paz, la esperanza, la serenidad, la humildad, la empatía, la benevolencia, la búsqueda de la verdad, la compasión… La moraleja es que ganará aquel que alimentes. Homo homini lupus. ¡Qué interesante! Pues Homero, pongamos por caso, difícilmente hubiera llegado a esta conclusión. Para Homero and Company, nadie está por encima de sus pasiones. Los hombres son, en este sentido, títeres de fuerzas que les superan. En el mundo de Homero, los dioses aún se tomaban en serio. Cada lobo era un dios y el interior del hombre un campo de batalla entre dioses en disputa. Las cosas cambian cuando aparece un yo que se halla, en cierto modo, por encima de sus pasiones. Las cosas cambian cuando surge la posibilidad de un dominio de sí. Es obvio que el sujeto que se cree objeto de las disputas divinas no puede ser el mismo que el se concibe a sí mismo como el que puede decidir qué lobo alimentar. Como si los impulsos del cuerpo fueran, en definitiva, algo exterior a uno mismo. Ahora bien, no es casual que cuando surge este yo, los dioses anden en retirada. No es causal que Sócrates fuera condenado por impiedad. Pues poner a los dioses del lado del lobo bueno solo es posible allí donde o bien hacemos del dios una proyección del mejor lado del hombre, o bien donde hacemos de este mundo un falso mundo.