quaestio facti

julio 1, 2014 § Deja un comentario

La creencia en el Dios judío no es una cuestión de hecho. La razón es simple. Si la fe fuera una cuestión de hecho, un creyente debería estar dispuesto a que los hechos pudieran desmentir su creencia. Sin embargo, si después de muertos, viéramos que, efectivamente, se nos castiga con ferocidad por no haber rezado el rosario durante todos los días de nuestra vida. O, lo que sería más desconcertante, se nos premia por habernos aprovechado de los débiles. Si viéramos también que el cielo está poblado de querubines tocando el arpa y el flautín o por vírgenes dispuestas a perder su virginidad, difícilmente podríamos admitirlo qua creyentes. Dios no puede hacernos esto. Así, para un judío creyente, Dios es, antes que nada, la exigencia de Dios. De tal modo que un Dios que no se ajuste a lo que debe ser Dios, no podrá ser aceptado como Dios. Más aún: en judío, Dios permanece históricamente como el deber ser de Dios. Mientras haya mundo —incluso en el caso de un mundo sobrenatural— Dios no puede darse como dios. Dios es lo siempre pendiente del mundo. Sin embargo, si esto es así, necesariamente nos preguntaremos en qué sentido podemos decir de Dios que es. Y esta es, ciertamente, una buena pregunta.

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