veritas
julio 10, 2014 § Deja un comentario
Uno de los mantras de la psicología evolutiva dice que no vemos las cosas tal y como son, sino tal y como somos. Al margen del tufillo de manual de autoayuda que desprenden este tipo de lemas, lo cierto es que, en este caso, la frase da en el clavo. De hecho, es tan antigua como la filosofía misma, la cual solo difícilmente puede desprenderse de un cierto sentido aristocrático de la existencia. Pues no habitan el mismo mundo quienes viven entre sombras, por mantenernos en los límites de la fábula de la caverna, que quienes han llegado a ver qué hay más allá de un palmo de sus narices (a saber, nada que podamos retener con nuestras manos). Mejor dicho, no juegan en la misma liga quienes creen que las cosas son en gran medida lo que parecen que aquellos que constatan que nada acaba de tener lugar en las cosas que pasan (salvo quizá la muerte). Unos juegan en tercera regional. Otros en la champions. Con todo la cuestión sigue siendo la misma: qué fue antes, el huevo o la gallina. Traducción: si es el modo de ser lo que determina nuestra vision o si, por el contrario, es nuestra manera de ver las cosas la que determina aquello que, en definitiva, somos.