colonialismo místico
julio 15, 2014 § Deja un comentario
Un místico es como Colón: un descubridor de nuevas tierras. Por eso mismo es cuestión de tiempo que éstas acaben colonizadas. Solo hace falta que nos familiarizemos con esa nueva dimensión de la existencia como para que deje de ser un más allá. A lo sumo, la experiencia mística puede darse como el síntoma de la trascendencia, a la manera de un como si, pero no como su constatación. Pues, si es que hemos de atender a los testimonios bíblicos, la genuina trascendencia se da como un cuestionamiento del todo. El todo no lo es todo y no porque nos hayamos dejado unas cuantas cosas por contar, sino porque el todo no debe ser el todo, aun cuando de hecho (o por definición) lo sea. No hay nada extraordinario en lo que puede llegar a ser ordinario. Y si no, que se lo pregunten a los esquizofrénicos, esos místicos salvajes. Lo extraordinario es que haya algo más allá del todo. Pero es obvio que eso que pueda haber no es en absoluto, algo que pueda ser integrado en la totalidad. Si Dios es eterno será porque Dios permanece como aquello siempre pendiente de la Creación. O, por decirlo en bíblico, porque Dios no se da según los modos del presente, el todo no puede resolverse como final. Dios está lejos de ser una sustancia a la que podamos enchufarnos.