el ateísmo como política
julio 19, 2014 § Deja un comentario
Para el platonismo, las existencias nobles son, precisamente, nobles porque se encuentran más cerca de lo que es en realidad noble, más cerca de lo que debe ser: el poder, la belleza, la salud, una visión cultivada de las cosas… Más cerca del cielo, podríamos decir. Por eso, cuando ya no hay cielo que ejemplificar, su nobleza se revela como encubrimiento. La representación ya no puede ser entendida como una encarnación del ideal. Tan solo como farsa. La caída de los cielos —la catástrofe, literalmente— nos permite comprender que el aura de la nobleza no se debe a ninguna proximidad, sino a los efectos estéticos de una decisión política. Así, los nobles no llegan a ser intocables por ser, al menos en cierta medida, nobles, sino que son vistos como nobles porque en su momento se decidió que no podíamos tocarlos. Un rey, cuanto más inaccesible, más real. Un rey cercano —como en el caso de un dios— difícilmente puede seguir reinando. De ahí que, si no hay nadie que pueda ser ontológicamente noble, la nobleza esté, al menos formalmente, al alcance de cualquiera.