la crisis del cristianismo «progre»

julio 22, 2014 § Deja un comentario

Para nuestros padres fue una liberación que nuestros abuelos dijeran que Dios no era una especie de Sauron. Que Dios se encontraba tan cerca como pudiera estarlo un amigo. Que Dios nos quería como una madre. Etc. Fue necesario que ellos, con su autoridad aún eficaz, sacaran a Dios de la tiniebla. Así, la teología de las viñetas de Luis Cortés tuvo su papel por los años posteriores al concilio. Fueron algo así como la Mafalda del cristianismo renovador. Ahora bien, su verdad dependía de que siguiera de algún modo vigente el Dios preconciliar. Una vez éste desaparece del mapa, en gran medida gracias al triunfo del cristianismo «progre», la teología del Dios-amigo deja de ser combativa para ser aparentemente «descriptiva». Ya no percibimos el Dios que es necesario superar. Otro Dios —otra imagen de Dios— ha ocupado su lugar. La afirmación del Dios-amigo ya no niega nada que esté presente. De ahí que haya dejado de ser inmediatamente significativa. Así, se dice que hay un Dios que nos ama como quien pueda decir que hay un bosón de Higgs. El problema está, pues, en los hijos de quienes fueron liberados por esa teología. Los hijos ya no saben qué hacer con la palabra «Dios». ¿Por qué Dios y no simplemente la bondad o el amor, como suele decirse? ¿Por qué Dios y no simplemente el anhelo de justicia? El problema no es qué Dios, sino Dios como «que». Ocurre aquí algo parecido a lo que le ocurrió al cristianismo de los orígenes: que su significatividad dependía de un contexto que desaparece, precisamente, con el triunfo histórico del cristianismo. La revelación de Dios como crucificado pasa a ser un lugar común a partir de Constantino, como quien dice. Por eso nadie ya se escandaliza. Cuando lo cierto es que estamos ante una especie de sinsentido para quien sepa qué significó originariamente la palabra «Dios».

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