a cuartos
agosto 9, 2014 § Deja un comentario
El hombre fácilmente descompone el cuerpo de una mujer. Los labios, la espalda, los ojos, los muslos, el sexo, los pies… Cada cosa tiene su momento, su lugar. Esto no dejaría de ser una curiosidad zoológica, si no fuera porque cada parte exige un trato diferenciado. No es lo mismo estar ante unos labios que ante unos ojos. Ante un ombligo que ante una voz. Los reclamos son distintos. Las respuestas deben serlo también. De ahí que la cuestión a la que se enfrenta el hombre sea, precisamente, la de cómo integrar la pluralidad de dioses que constituyen el cuerpo de una mujer. Pues, con el descuartizamiento de la mujer va el del hombre. El mito religioso de nuestros días es dar por sentado que el sexo es, por sí mismo, de una sola pieza. Mucha pornografía hay en este tópico. Lo normal, dejando a un lado las efervescencias, es el desencuentro. El resto es promesa.