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agosto 10, 2014 § Deja un comentario
El cristianismo progre, aquel que hace de Dios un confidente, no se ha dado cuenta de que ha sustituido una imagen de Dios por otra. En vez del Dios de la ira —el Dios de la sacristías oscuras—, el Dios de las viñetas de Luis Cortés, un colega al fin y al cabo. Como ocurre con las mujeres de carne y hueso, si Dios es real, entonces tiene que haber algo en Dios que no coincide con nuestra imagen ideal de Dios. Y, sin duda, es hacer trampas creer que se trata de lo mismo que imaginamos, pero en superlativo. Creer que Dios es tan bueno que no podemos ni siquiera imaginar la magnitud de su bondad supone jugar con las cartas marcadas. Si Dios es bueno, entonces Dios no coincide con su bondad.