Baltimore

agosto 17, 2014 § Deja un comentario

Si viviéramos en los barrios más duros de Baltimore. Si viéramos como nuestros hijos caen en la droga y nuestras hijas son prostituidas. Si viéramos cada esquina a los «camellos» que venden las «arañas» a nuestros niños cuando salen de la escuela. Si viéramos como sus «capos» se enriquecen indecendemente a nuestra costa. Si se palpara físicamente la degradación, entonces es posible que muchos eligieran, si pudieran, la «solución final» para esos miles de «drogatas», traficantes, degenerados que infestan el barrio. Ni siquiera cabe imaginar para ellos una salida moral, educativa. Son los irremediables, la plaga que hay que exterminar, la mala hierba que hay que arrancar del jardín. Demonizar el nazismo —escandalizarse ante la solución final— es un modo de cerrar los ojos al SS que todos llevamos dentro. Las víctimas siempre fueron, antes, unas ratas. Probablemente con razón. Pues detrás de cada genocidio está la idea de un orden sin tara, de un bien inmaculado.

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