los demonios
agosto 27, 2014 § Deja un comentario
Supongamos que hubiera alguien para el que la guerra fuera un espectáculo. Que no viera más que belleza en los bombardeos de Dresde o en las montañas de cadáveres de Treblinka. ¿Podríamos decir que se equivoca? ¿O deberíamos, por el contrario, añadir esta visión junto a las otras? El tópico de hoy en día debería inclinarse, a pesar del escándalo, por la segunda opción. Se trata, es obvio, del relativismo. En este sentido, nadie puede negar que la primera visión del asunto es, efectivamente, una visión. Otra cosa es que no nos parezca adecuada o, como suele decirse, políticamente correcta. Pero sigue siendo innegable que el exceso de la violencia es tan repulsivo como fascinante. Sin embargo, la deriva relativista solo es inevitable donde demos por sentado que hay una realidad. O, por seguir la famosa metáfora, que la realidad es algo así como un paisaje que puede ser visto desde diferentes ópticas. Ahora bien, es posible que haya tantas realidades, o mejor dicho, niveles de realidad como tipos de sujeto. La exterioridad, por defecto, es la misma, pero cada nivel de realidad es un mundo. No habita el mismo mundo quien cede a la fascinación de Treblinka, pongamos por caso, que aquel que en modo alguno puede admitirla. Del mismo modo que no vive el mismo mundo el arbusto que la lombriz, el chimpance que el hombre. No es que tengan visiones distintas, sino que pertenecen a mundos distintos. Como dirían los antiguos, quienes se sienten estremecidos por la belleza de los hornos crematorios y permanecen en ella habitan en las profundidades del averno. Son, por tanto, demonios. Y es que para los antiguos era obvio que nuestro mundo es algo así como el campo de la guerra de los mundos.