un paso en falso

agosto 28, 2014 § Deja un comentario

La fenomenología de la religión debería dar cuenta de un hecho innegable: que la historia de las religión es la historia de la progresiva retirada de los dioses. Que Dios, con mayúscula, es precisamente el síntoma de dicha retirada. Que al final, de Dios solo queda el nombre. Así, primero tendríamos un mundo en donde la presencia de dioses o espíritus es inmediata. Aquí los hombres tratan con los dioses del mismo modo que pueden tratar con las bestias o las plantas. Luego tendríamos un mundo en donde dichos dioses se hallan bajo el dominio de un Dios supremo y, al mismo tiempo, inaccesible. Este mundo reproduciría la estructura política de las monarquías antiguas. Un Rey es, por defecto, intocable. Posteriormente, los dioses dejarían de ser figuras mediadoras. En su lugar tendríamos a los hombres de Dios —los profetas, los mesías—, de modo que no cabría otra presencia de Dios que las que garantizasen dichos hombres. Solo hace falta dar un paso para decir que no hay Dios, sino solo hombres que creen que hay Dios. Es así que Dios acaba siendo, para el creyente más honesto, el motivo de una profunda nostalgia.

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