cambio de cromos
agosto 30, 2014 § Deja un comentario
Cuando los hombres ya no son capaces de admitir la vieja imagen de Dios y, aun así, quieren seguir siendo fieles a la fe de sus padres —esto es, mientras no se atrevan a renunciar a su autoridad—, entonces fácilmente recurren a la revelación para cambiar a un Dios por otro. Así dicen, por ejemplo, Dios en verdad no es lo que vosotros creísteis, un fantasma bueno, sino algo así como un océano en el que terminaremos disolviéndonos. De este modo, los hijos fácilmente se convencen de que su fe, a diferencia de la de sus padres, es más «auténtica», cuando simplemente es una fe adaptada a las circunstancias. Incluso llegan a comprenderse a sí mismos como los genuinos representantes de la tradición: como si desde los inicios Dios se hubiera entendido tal y como ellos lo entienden, mientras acusan a sus padres de haber leído mal. La operación parece semejante a la que en su momento llevaron a cabo los profetas de Isarel. Como es sabido, para ellos Dios no es en verdad un dios al uso —un dios con el que podamos tratar ritualmente—, sino el Altísimo, el que exige justicia y no sacrificios, etc. Sin embargo, el profetismo estrictamente no cambia de cromo, sino que sustituye el Dios de la religión por un Dios del que no podemos ni siquiera hacernos una idea. Esto es, no cambia el referente para la palabra «Dios», sino que altera sustancialmente su significado. Pues para quien sepa leer debería resultar obvio que Dios en verdad no puede ser en modo alguno un dios, sino la incógnita que impide el cierre inmanente de la Totalidad.