Magnificat
septiembre 4, 2014 § Deja un comentario
En el Magnificat podemos leer lo siguiente: Él hizo proezas con su brazo: dispersó a los soberbios de corazón, derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos. ¿Lo hemos leído bien? ¿No es esto, sencillamente, el mundo al revés? ¿No es éste el programa de la revolución? ¿Acaso no deberíamos admitir que Dios es un bolchevique? ¿Es posible que Dios no esté del lado de la ley natural, del mundo que Él mismo creó? Lo que debe ser, no es. Ni siquiera lo que debe ser puede comprenderse como un ideal, pues un ideal es una posibilidad del mundo y el mundo no puede admitir la exaltación del pobre sin alterar lo inalterable, a saber, la naturaleza misma de las cosas: que el pez grande se coma al chico. El deber ser de Dios es, sencillamente, contrafáctico. Por tanto, las promesas de Dios solo pueden realizarse como fin del mundo.