integrales
septiembre 5, 2014 § Deja un comentario
Es posible que el desideratum de la integridad sea, en el fondo, un desideratum político, esto es, una posibilidad de la apariencia. Pues donde todo es mezcla —donde la ambivalencia penetra hasta el tuétano de cuanto hacemos o nos traemos entre manos— no cabe ser de una pieza. En la intimidad, el yo siempre desmiente su versión pública. O cuanto menos, la pone en cuestión. La insinceridad es, sin duda, una segunda piel. De ahí que acaso no se trate de ser, sino de responder.