Farlete

septiembre 8, 2014 § Deja un comentario

Es posible que la esperanza cristiana, en tanto que se encuentra enraizada en la opacidad de un sufrimiento indecente, sea aquella que espera un reset del mundo. Esperar que todo termine, mejor dicho, se hunda de una vez, para poder comenzar de nuevo. Es la esperanza de quienes ya no pueden esperar nada del mundo. Es la esperanza de hacer tabula rasa. De ahí que dicha esperanza no sea propiamente una expectativa. Una expectativa está cargada con la pólvora del ideal y un ideal, por defecto, se concibe como una posibilidad del mundo. Por eso, los primeros cristianos fueron unos apocalípticos. Pues, como desgraciados que eran, no podían esperar otro mundo sin esperar al mismo tiempo el final de este. No hay que olvidar esta asociación, si uno quiere permanecer fiel al espíritu original. Creer en la progresiva transformación del mundo es cristianismo socialdemócrata, esto es, socialdemocracia con la excusa de Dios. Y esto es lo interesante: que la esperanza apocalíptica sea tan revolucionaria, tan de este mundo. Y es que a esos hombres y mujeres no les bastó un consuelo celestial. Querían vivir otra vida, sin duda, pero no como espectros. De ahí a la toma del palacio de invierno hay un paso. El paso que da la apocalíptica cristiana cuando prescinde de Dios.

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