nothing else

septiembre 12, 2014 § Deja un comentario

Frente a quienes intentan hacer del cristianismo una variante del budismo zen, no conviene olvidar que la nada de Dios, en cristiano, pende de una cruz. Es, precisamente, el sufrimiento obsceno de los crucificados el que impide que Dios, en definitiva, permanezca en la nada del ultramón como un último término. Porque Dios no es nada, puede el crucificado revelarse como Dios. Pues solo él soporta sobre sus espaldas el peso de la nada de Dios. Por eso mismo, la cruz hace también inviable que podamos comprender a Dios como el titiritero de los hombres.

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