según las Escrituras

septiembre 14, 2014 § Deja un comentario

Para un judío tan solo es en verdad aquello que tiene que ser, se sobreentiende, según la voluntad de Dios. Mejor dicho, solo es aquello que realiza las esperanzas puestas en las promesas de Dios. Un judío siempre piensa el presente bajo el sello del imperativo. Para él no cabe la pura facticidad. Digo esto porque, si no se tiene en cuenta, es muy difícil entender la Biblia. Por ejemplo, esto de la resurrección. Como es sabido, Pablo en la primera carta a los corintios escribe aquello de que Cristo fue sepultado y que resucitó al tercer día… según las Escrituras. (1Co 15,4) Aquí podríamos preguntarnos a qué se debe este «según las Escrituras». ¿Acaso Pablo no experimentó la resurrección de Jesús? ¿Acaso habla de oídas? Sin embargo, la pregunta no tiene sentido —como tampoco lo tiene el preguntarse por si Jesús de hecho resucitó—, pues la misma pregunta da por supuesto algo absurdo, incluso para un judío: que la resurrección se experimenta como quien experimenta, pongamos por caso, un tsunami o algo parecido (por excepcional). De hecho, las cosas que se ven siempre se ven desde la óptica que impone el mundo al que pertenecemos. No vemos cosas aisladamente, sino en cualquier caso dentro de un mundo, de una red de relaciones. En este caso, la vida y muerte de Jesús es vista desde el marco de la tradición mesiánica. El Mesías —el Ungido de Dios— es, según esta tradición, el portador de la esperanza o, lo que es lo mismo, de la salvación de los hundidos. La confesión de fe declara, probablemente apoyada por la lectura de Isaías, en concreto de los cantos dedicados al siervo sufriente, que Jesús, el crucificado, fue en realidad el Mesías que todos esperaban. Esta es la declaración primera de la fe, su principio y fundamento. Ahora bien, y aquí reside la clave del asunto, el Mesías, según una variante de la tradición mesiánica, es el que juzgará a los hombres en nombre de Dios durante el día del Juicio. El Mesías, por tanto, tiene que sentarse a la derecha de Dios para poder juzgar a vivos y a muertos. Todo esto va con el pack «Mesías». Todo esto se encuentra en las Escrituras, en las cuales, para un creyente, se expone la voluntad misma de Dios. Así pues, para los primeros cristianos, Jesús en verdad ha resucitado porque él es, para ellos, el Mesías y el Mesías, según las Escrituras, tiene que resucitar para poder juzgar a los hombres en nombre de Dios. Por tanto, no es que Jesús sea el Mesías —o el Ungido o el Cristo…— porque hayamos podido ver o experimentar a Jesús resucitado (como quien ve o experimenta un día de lluvia), sino que llegan a afirmar su resurrección de entre los muertos porque los creyentes lo reconocen como el Mesías que cargó sobre sus espaldas la culpa de Israel. Puede que sea verdad que Jesús resucitara de entre los muertos, pero no porque de hecho fuera así, ni por supuesto porque alguien se atreviera a decir que así lo sentía en lo más profundo de su corazón.

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