el deseo ajeno
septiembre 15, 2014 § Deja un comentario
Admitir la alteridad del otro es no solo poder concebir su deseo de ti, sino también poder aceptar ese deseo. Y esto es lo difícil: aceptar que estás en sus manos. Esta difícultad, sin embargo, no es simplemente un tema de la psicología, ni siquiera de la psicología médica (como sería el caso, si se tratara de una patología). Se trata de una dificultad ontológica. Pues, la alteridad de aquel que te desea también se pierde donde te conviertes en simple objeto de su deseo. Entonces el otro pasa a ser tan solo una fuerza, un tsunami. De ahí que la relación con el otro exija algo así como un permanecer entre la resistencia y la sumisión. Y de ahí también que la relación con Dios, esa alteridad radical, sea, precisamente, la que se expone en el relato de Jacob y el ángel (Gn 32, 22-32): la de un combate que termina necesariamente en tablas.