Walter
septiembre 20, 2014 § Deja un comentario
La vinculación mesiánica entre origen y final de los tiempos no debe entenderse como si dicho final consumara lo dado en el origen. Más bien, para la esperanza mesiánica no puede haber origen —no puede haber paternidad— hasta que no se haya realizado el horizonte asintótico de la espera, la filiación. Es por esto que Dios, desde la óptica mesiánica, solo pueda subyugar al hombre mientras su misma existencia «siga en el aire», esto es, mientras su promesa continúe siendo un asunto pendiente. Será verdad que la salvación consiste, al fin y al cabo, en salvar a Dios del hombre.