el conejito de duracell

septiembre 28, 2014 § Deja un comentario

¿Por qué las parejas no suelen, hoy en día, durar? La respuesta es evidente para quien sepa observar las cosas desde una cierta distancia. Si no podemos evitar ser consumidores, entonces resulta también inevitable que nuestro acceso al otro esté mediado, en gran medida, por nuestro deseo. Pero es igualmente obvio que, si esto es así, el otro acabe por desilusionarnos. El tiempo erosiona cualquier satisfacción. No hay deseo que no tenga fecha de caducidad. Puede que te guste el caviar. Pero caviar a diario, cansa. En la Antigüedad —y, hoy en día, en los pueblos denominados primitivos—, la relación entre los sexos funciona de otro modo. La mujer no era simplemente el cuerpo —el modo de ser— que puede satisfacer nuestro deseo. Cada mujer representaba algo más. Así, la relación que pudiéramos tener con ella ejemplificaba un acontecimiento cósmico, como quien dice. Antes, hombres y mujeres se encontraban, literalmente, sujetos a un orden del que formaban parte. El vínculo, en este sentido, era de por sí significativo. Debería ser elemental que en un supermercado no vamos a encontrar más que potes de mermelada. Es verdad que, desde el horizonte de la muerte, la pareja, como los hijos, te han sido dados. Pero es difícil permanecer en esta verdad si, de algún modo, no te lo parece. De ahí que nuestros tiempos felices sean, en cierto modo, tiempos de indigencia.

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