más allá (y 2)

octubre 2, 2014 § Deja un comentario

Quienes suelen hablar del misterio a propósito del más allá quizá deberían tener en cuenta que un misterio no es una cosa o un mundo que no sabemos a ciencia cierta qué es. Un misterio, en tanto que no apunta a algo con lo que podamos tratar, se halla más cerca de la nada que del mundo. El misterio propiamente surge del carácter irresoluble de las últimas (y necesarias) preguntas. Hay interrogantes que van con nosotros y que no admiten una solución, un conocimiento, ni siquiera hipotético. Quien se expone al misterio habita en la perplejidad. No hay saber acerca de las últimas cosas. Por eso mismo, un misterio está más cerca de la paradoja que de los motivos que incitan nuestra curiosidad. Ciertamente, los primeros cristianos, esos apocalípticos, parecían tener una idea de lo que podía esperarles tras la muerte. Pero se trata se una falsa impresión. Quienes piensan con imágenes no pueden dejarlas de lado. De ahí que el misterio tuvieran que expresarlo por medio de imágenes increíbles, esto es, a través de imágenes de las que, paradójicamente, no podemos hacernos una idea sin caer en la superstición o la idolatría. Como es sabido, las imágenes de la esperanza apocalíptica no constituyen una expectativa que pueda mundanamente realizarse —no suponen, lo que se dice, un horizonte—, sino que expresan más bien el deber ser de lo que ningún mundo puede admitir.

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