leyendo el libro de los Jueces
octubre 27, 2014 § Deja un comentario
Llama la atención que los que salvan a Israel sean, en principio, los menos capaces de hacerlo. Gedeón es un desconfiado, alguien al que le falta fe. Jefté, literalmente, un hijo de puta. Sansón, en cambio, un putero o, si se prefiere, un disoluto. Barac, un mísero cobarde. Débora, una mujer… El Nuevo Testamento no hará sino insistir en la idea: el buen samaritano, como sabemos, era para los piadosos de Israel, un traidor, alguien que no merece la bendición de Dios. Se trata de una especie de constante bíblica. Como si nada de lo que pudiera hacer el hombre por acercarse a Dios le hiciera, por eso mismo, capaz de responder a Dios. Desconcertante, sin duda. Pero también aleccionador.
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