de nuevo Platón (y de paso Dios)
octubre 31, 2014 § Deja un comentario
No hay experiencia que no suponga de algún modo un dejar atrás la realidad propiamente dicha. La sensación nos pertenece por entero. La experiencia, no. Hay algo en la experiencia que se nos escapa. Y lo que perdemos de vista en la experiencia de lo real es, precisamente, el carácter enteramente otro de lo real. Todo cuanto retiene nuestra sensibilidad es nuestro. Procede, sin duda, de lo que se halla ahí, frente a nosotros. Pero en tanto que recibido forma parte de nosotros. Si permanecemos ante lo real del mundo es porque hay algo que no alcanzamos en lo que alcanzamos. Como sabe el amante perspicaz, hay algo que no termina de abrazar en el cuerpo que abraza. Lo real, conviene recordarlo, es por defecto algo-otro-ahí. Pero también lo que aparece —se muestra— de un modo u otro a nuestra sensibilidad. Pues bien, lo cierto es que, bien pensado, si lo real es algo-otro-ahí es porque su alteridad, precisamente, no se da sensiblemente. El carácter otro de lo real desaparece en su aparecer. La realidad puede dársenos porque lo real en sí no es nada en concreto —no se da—. O, por decirlo con otras palabras, lo real difiere eternamente de su expresión sensible. La realidad siempre da un paso atrás en su hacerse presente a una sensibilidad. Y esto es, en definitiva, el tiempo: nada es que no suponga (literalmente, ponga de antemano) un fue. De ahí que la realidad en sí misma solo pueda ser pensada o, mejor dicho, reconocida. De lo real en sí —de lo absoluto— solo cabe una idea. (Aplíquese a Dios y tendremos una bonita introducción a la teología dialéctica. Dios en realidad difiere —se encuentra más allá— de su divinidad. En sí mismo, difiere de sí mismo. La divinidad, las diferentes concepciones de Dios son, sin duda, relativas al sujeto. En modo alguno, Dios. Dios es en la medida en que se niega a sí mismo. Al fin y al cabo, como cualquier yo.)
Deja un comentario