cristianismo cósmico

noviembre 28, 2014 § Deja un comentario

Un cristianismo despojado de su dimensión cósmica, por aquello de la crosta mítica, queda reducido a una especie de moral revolucionaria, en el mejor de los casos. ¿Se trata de luchar por un mundo mejor? Quizá. Pero para eso no hace falta Dios. Basta con un ideal lo suficientemente creíble. Basta con Lenin o sus variantes. Y es que una sensibilidad religiosa pertenece a un mundo en donde Bien y Mal se enfrentan por la supremacía. Como si se tratara de una pugna entre dioses o potencias y no de diferentes concepciones —puntos de vista, sensibilidades…— de lo que debe ser. Un creyente es un militante de Dios. Un creyente cuando se arrodilla se encuentra en posición de combate. Fuera de la lucha titánica en donde se decide el destino del universo, las declaraciones de la fe pierden su significado originario. Más aún: la vida religiosa deja de tener sentido. Sin drama cósmico, la opción creyente pasa a ser algo parecido a un asunto de onanistas espirituales. Para un creyente, star wars no es un cuento en absoluto, sino la expresión, aunque quizá infantil, de lo que se cuece en el mundo. Que hoy en día solo la podamos ver como un cuento —que el Mal haya dejado de ser un poder satánico y en su lugar tengamos un error o algo que podríamos evitar si fuéramos buena gente— es el síntoma de lo lejos que estamos de comprender el pathos neotestamentario.

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