falta… ¿de Dios?
diciembre 11, 2014 § Deja un comentario
¿Por qué hablar del silencio de Dios —de su falta— y no simplemente de silencio? ¿Por qué este «de Dios»? ¿Acaso no deberíamos admitir que solo puede encontrarlo a faltar quien en algún momento, por lo común infantil, tuvo a Dios de su lado? Supongamos que alguien viniera a este mundo ya «hecho y derecho», por generación espontánea. Y supongamos también que fuera el último hombre sobre la tierra. ¿Encontraría a faltar un Dios? ¿Acaso no se sentiría como aquel que ha sido arrojado al mundo? ¿No sería su mismo existir un dirigirse a alguien? ¿Es que no esperaría una resolución, una respuesta, un de qué va todo esto? Y si por algún milagro llegara a admitir que no puede haber propiamente una respuesta que resuelva el carácter excesivo de la pregunta ¿no sería acaso esa falta de respuesta un principio absoluto, una condición insoslayable?