dice Estrada (2)

febrero 15, 2015 § Deja un comentario

JA Estrada escribe lo siguiente en su «¿qué decimos cuando hablamos de Dios?»: «no sabemos quién ni cómo es Dios. Pero sí percibimos quién es y cómo es Jesús, al que afirmamos como su testigo y su enviado. (p135)» ¿Cómo es posible decir esto? ¿Cómo llegamos a afirmarlo? Si de Dios no tenemos ni idea, como quien dice, —si de Dios solo podemos decir que es pero no qué es—, entonces ¿cómo podemos llegar a reconocerlo en Jesús? ¿Acaso esta declaración sobre Jesús no es ideología, a saber, un discurso encubridor o, en el mejor de los casos, mera retórica? Podemos decir que Adriana Ambrosio encarna un cierto modelo de belleza, precisamente, porque disponemos de ese modelo. Pero no lo disponemos en el caso de Dios. ¿Deberíamos admitir que, hablando con propiedad, no lo reconocemos? Eso parece, pues los teólogos suelen decir que, a la hora de confesar la divinidad de Jesús, no partimos de una idea previa de lo que es Dios. Esto es, que Jesús revela (y no ilustra o ejemplifica) el modo de ser de Dios. Ahora bien, la cuestión es, precisamente, cómo es posible declararlo sin que suene a arbitrario. Pues para convertir a Jesús en un predicado de Dios hemos de tener un cierto prejuicio, aunque sea formal, acerca de Dios. Por eso la pregunta podría reformularse del siguiente modo: ¿qué prejuicio formal acerca de Dios es el que nos permite declarar que Dios es Jesús —o, como afirma JA Estrada, su testigo y enviado? No parece que sea el que nos permite afirmar a Dios como poder. ¿Se trata de la pura trascendencia? Pero en ese caso, ¿cómo hablar de Encarnación? Diría que en última instancia JA Estrada se decanta, incomprensiblemente (pues «no sabemos ni quién ni cómo es Dios»), por un prejuicio más material que formal, el de la bondad o misericordia. Pero entonces ¿por qué de Dios? ¿Por qué no limitarse a afirmar la bondad del profeta? Aquí no cabe apelar a la resurrección, pues, según el mismo Estrada, está no prueba, sino que en cualquier caso confirma. ¿En qué quedamos, pues? Por eso, si la declaración creyente no puede comprenderse a la platónica, como si dijéramos que Jesús representa la misericordia arquetípica de la divinidad, pues en ese caso no habría propiamente revelación, entonces quizá no tengamos más remedio que admitir la carga explosiva que contiene la confesión de fe, a saber, aquella que declara que no hay otro Dios que el que pende de una cruz. Y de ahí a confesar que de Dios solo nos queda el espíritu de un crucificado en nombre de Dios hay un paso. Dicho de otro modo, no es posible declarar la divinidad de Jesús, mejor dicho la identificación de Dios con el crucificado, sin negar la divinidad del deus ex machina de la religión. Pero no parece que sea eso lo que pretenda decirnos JA Estrada. Pues, leyéndolo da la impresión, como ocurre con tantos teólogos, que el dios de la religión permanece agazapado por detrás de las escandalosas tesis cristológicas. Como si Dios siguiera ahí, por encima de la Cruz, tan campante.

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