happy
marzo 11, 2015 § Deja un comentario
Supongamos que viviéramos en un mundo feliz en donde todo encajase. No hay necesidades por satisfacer. Los hombres se comportan como hermanos. Todo es buen rollo. Y supongamos también que este mundo estuviera tutelado por un padre espectral, orgulloso de cómo viven sus criaturas. ¿Estaríamos, en definitiva, en el Reino de Dios? Quizá. Pero ¿acaso podríamos soportar tanto paternalismo? ¿Acaso podríamos evitar la sensación de irrealidad? ¿Acaso nuestra mayoría de edad no consiste, precisamente, en dejar de ser unas criaturas, en independizarnos de nuestros padres para, al fin y al cabo, ocupar su lugar? ¿Acaso la vida adulta no pasa por la desmitificación de papá —por descubrirlo como un hombre más—?