el síndrome de Estocolmo
abril 11, 2015 § Deja un comentario
Si el creyente es aquel que cree que su vida depende por entero de Dios, entonces la relación del creyente con Dios podría comprenderse en los términos de un síndrome de Estocolmo, según el cual, la víctima acaba amando a su secuestrador. Por eso, que Dios pueda amar al hombre es algo que cualquiera que tenga una mínima idea de lo que significa originariamente la palabra «Dios» no puede dar por descontado. De ahí que Dios tenga que sacrificarse para demostrar el amor que siente hacia su criatura. Un Dios que permanezca en las alturas —un Dios que no haya caÍdo en picado sobre una cruz— sigue siendo, en cierto modo, un Dios culpable, un Dios cautivador.