no hay infierno

abril 11, 2015 § Deja un comentario

La negación del infierno es, por sí sola, un síntoma de la situación en la que se encuentra el cristianismo. Negar el infierno es negar que haya una condena eterna. Es así que quienes niegan que haya infierno, niegan que haya juicio o, mejor dicho, un Juicio final. Todo el mundo es, por tanto, bueno. Hitler y Romero comiendo en la misma mesa celestial. Ciertamente, Dios quiere que todos se salven, por decirlo a la manera de Pablo. Pero no parece que los hombres estemos por la labor. Es verdad que nos cuesta imaginarnos un mundo en llamas perpetuas. Pero que no podamos tomarnos en serio la imagen, esto es, que solo podamos ver una imagen y no aquello a lo que apunta, es un síntoma, como decíamos, del hecho de que ya no nos hallamos sujetos a la realidad de Dios. Ahora bien, si nada nos juzga —si la interrupción del pobre con el que Dios se identifica ya no nos pone en la situación de quien le debe una respuesta—, entonces difícilmente podremos evitar la deriva hacia el nihilismo. Pues nihilismo significa que, en definitiva, da lo mismo un Hitler que un Romero. Por eso el cristianismo del buen rollo está más cerca del nihilista que de aquel que dijo que, en los días finales, separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.

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