antisofística
abril 27, 2015 § Deja un comentario
La filosofía nace no solo del asombro, sino también como antídoto frente a las seducciones del lenguaje. Así, la ignorancia no consiste únicamente en creer que lo real coincide con lo que nos parece real, sino también, y quizá sobre todo, en permanecer preso de la retórica. Pues, el que sabe jugar con las palabras —sobre todo con las grandes palabras— fácilmente puede construir castillos en el aire, producir, como diríamos hoy en día, el efecto de una realidad virtual. «El amor es todo lo que es y, al mismo tiempo, nada de cuanto es». Por eso, el arma más poderosa frente al hechizo del sofista fue y sigue siendo la pregunta socrática: «¿de qué estamos hablando?» Tan solo hace falta plantearla para que el mago se quede, literalmente, sin palabras. Pues con respecto a las grandes palabras —con respecto a lo último— no salimos de nuestra perplejidad.