el perquè de tot plegat
junio 18, 2015 § Deja un comentario
Es posible que nos vayamos de aquí sin saber de qué va tot plegat. Pues ¿acaso es una respuesta la idea, tan común por los pagos «new age», de que, al final, todos acabaremos formando parte de la luz o el magma celestial? ¿Qué diferencia habría entre la fusión magmática y ser engullidos por la gran oscuridad? Al fin y al cabo, donde no cabe poder decir yo, tanto da una cosa que otra. Algunos dirán que quienes acaban siendo luz existen en la dicha. Pero, el estado de una dicha perpetua ¿no coincide acaso con el estado de estupidez —de un inmarcesible ennui—o, en el mejor de los casos, con el de una eterna infancia? Más aún: quien ha perdido la conciencia —pues fusión es disolución— no existe. En cualquier caso, es del mismo modo en que la piedra o el mosquito son. ¿Quién nos dijo que lo impersonal puede ser una buena solución para quien aún es capaz de decir «yo»? ¿Acaso la solución impersonal no es como el factum de la gravedad? Es como si se nos dijera: en definitiva, esto es lo que hay. Pero lo que hay ¿no es, precisamente, lo que se encuentra suspendido en el aire por la pregunta sobre el porqué? La conciencia es, por defecto, desdichada. Siempre se encuentra pendiente de una última reconciliación… que de darse, difícilmente podría admitir, sin embargo, como última. El yo sufre eternamente la escisión con lo dado. De ahí que nos vayamos con las manos vacías. O lo que viene a ser lo mismo, el sentido de tot plegat no nos pertenece. Aunque ¿quién dijo que el sentido de tot plegat tuviera que declinarse en futuro? Al fin y al cabo, puede que no haya más que lo que nos fue dado. Y, por eso mismo, quizá no haya mayor condena para el hombre que la de haber dilapidado el don.