encuentros en la tercera fase
julio 28, 2015 § Deja un comentario
El sentimiento religioso que antiguamente se canalizaba a través del trato con espíritus o dioses, hoy en día se canaliza más fácilmente a través de la creencia en extraterrestres. Pues supongamos que hay vida más allá de las fronteras de nuestro mundo y que se trata de una vida incomparablemente superior, de tal modo que nosotros no dejaríamos de ser, para esa forma de vida, algo así como una especie de insectos listillos. Supongamos también que esos extraterrestres hubieran ido experimentando con nosotros desde los primeros tiempos —que el mundo fuera su laboratorio—, introduciendo la agricultura, proporcionando el conocimiento necesario para el dominio del metal, rescatando a un pueblo de esclavos del poder de faraón. Supongamos también que ellos hubieran conseguido franquear los límites de una existencia mortal e incluso que uno de ellos —quizá debido a una cierta enajenación— hubiera decidido hacerse humano por una compasión malentendida y que tras el escarmiento, los suyos decidieran rescatarlo del sheol. Y, para rizar el rizo, supongamos que, entre ellos, hay algo así como un ejemplar supremo, el extreterrestre padre. ¿Acaso confirmaría este descubrimiento la fe del creyente? Muchos creeran que no. Que la fe trata de otra cosa (aunque a ciencia cierta no sepan cuál). Pero el problema, con respecto a cierta fe, es precisamente este: que se trate de otra cosa.