doblar el espinazo
julio 31, 2015 § Deja un comentario
Con respecto a lo que importa, lo que se dice, quizá sea lo de menos. Así, da igual si decimos que Dios existe o, lo contrario, que no puede existir. Lo decisivo es decirlo con el espinazo doblado. Casi cualquier palabra que podamos pronunciar desde el fracaso de nuestras mejores expectativas —casi cualquier testimonio de quien regresa de la muerte, como quien dice— desprende el aroma de lo último, aun cuando de hecho se trate de lo penúltimo. Pues lo último es siempre un gran silencio, un entre paréntesis. Así, cuando los viejos sacerdotes de antaño nos hablaban del sacrificio expiatorio creímos que eso tenía que ser sencillamente verdad. Pero lo cierto es que lo que hacía verdaderas esas palabras eran las rodillas de quienes las pronunciaban, el hecho de que sus vidas, al menos en algunos casos, eran vidas doblegadas por el peso de un no acabar de saber. Con el tiempo nos dimos cuenta de que ya no podíamos decir lo mismo, que sus palabras ya no podían ser nuestras palabras. Sin embargo, el cómo lo dijeron permanecía como esa verdad más allá de la verdad.