tanto va el cántaro a la fuente
julio 31, 2015 § Deja un comentario
Hoy se puede decir fácilmente, casi con impunidad, que si uno cree en Dios es porque necesita creer en él. La afirmación posee la fuerza de la prueba indiscutible. Sin embargo, en estricta lógica, nuestra necesidad de Dios, en el caso de que la hubiere, no convierte por sí misma a Dios en una fantasía. Y es que a nadie se le ocurre decir, por ejemplo, que el agua sea una quimera porque necesitemos tomar un trago después de unos cuantos días por el desierto. O que el otro sea una ilusión por el simple hecho de que necesitemos encontrarnos con alguien. Si el argumento de la necesidad tiende a ser tan convicente es porque, más que demostrar, insiste en nuestro prejuicio, a saber, que Dios no existe. O, por decirlo con otras palabras, la afirmación parece funcionar como argumento solo cuando damos por sentado que no puede haber Dios.