NASA
agosto 22, 2015 § Deja un comentario
¿Acaso el estremeciemiento del anacoreta ante el mutismo de Dios no es semejante al que experimentaría el astronauta que, por accidente, quedara vagando en solitario por el vacío interestelar? ¿Qué aparición —qué redención— podría aún aguardar? Y si no parece que pueda haber un Dios ahí ¿acaso puede haberlo aquí?