mengen fetge

agosto 27, 2015 § Deja un comentario

La idea de encontrarnos sub iudice és un irrenunciable de la experiencia cristiana. Por eso, quienes en la cancha cristiana defienden alegremente que Dios no nos juzga están cavando su propia tumba como creyentes. Pues que haya juicio significa que estamos sujetos a un imperativo incondicional, a saber, aquel que nace de la mirada del pobre. Encontrarse sojuzgados por Dios supone, por tanto, que no hay orden que esté por encima de la demanda que procede de esa mirada. Quien se aleja de esa demanda termina, de un modo u otro, compartiendo mesa con Eichmann.

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