síntesis

octubre 8, 2015 § Deja un comentario

La pastoral post conciliar suele seguir el siguiente esquema teológico: Dios quiere el bien de los hombres, pero los hombres no parece que estén por la labor. Jesús encarnó la bondad de Dios y nosotros, en vez de hacerle caso, lo colgamos de una cruz. Ciertamente, otro mundo sería posible, si nos sometiésemos a la voluntad de Dios. Sin embargo, seguimos empecinados en hacer las cosas mal. No parece, pues, que este mundo tenga remedio, pero la resurrección —la vida junto a Dios—, por suerte, aguarda a los justos. Hasta aquí el kerygma. Aquí el tema no es Dios, sino los hombres. Todo cuadra, salvo la humanidad que anda torcida. Pero el tema, hoy en día, es Dios. Y quizá lo fue desde los orígenes del cristianismo. Pues que el fracaso del enviado de Dios no puede dejar de afectar a lo que entendemos religiosamente por «Dios», salvo que entendamos la cruz como un mal final que podríamos haber evitado. Sencillamente, el kerygma, así formulado, es demasiado bello como para que resulte creíble.

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