mera facticidad

octubre 19, 2015 § Deja un comentario

El mundo no acaba de realizar lo que debe ser realizado. Con respecto a lo que nos traemos entre manos, siempre nos quedamos a medias. Se trata de un dato inicial. Otra cosa es cómo interpretamos este décalage entre los hechos y el ideal. Modernamente tendemos a creer que, en último término, no hay nada deba ser realizado. Que el ideal con el que confrontamos cuanto sucede es, simplemente, una ilusión, un espejismo mental. Pues nada hay en la realidad de las cosas que exija ser llevado a cabo. Así, los amantes creen fácilmente que deben encarnar el amor. Pero en verdad esa creencia no es más que un señuelo al servicio de la reproducción. Platón, en cambio, creyó —y con él la tradición occidental hasta hoy— que el ideal, lo que debe ser, en definitiva, el Bien, arraiga en la estructura profunda de lo real. Mejor dicho, que lo real, en último término, es pura exigencia de ser. Así, las cosas de este mundo claman por ser enteramente lo que no acaban de ser. O, por decirlo con otras palabras, todo sufre esencialmente un déficit de ser. En este sentido, lo real sería eso siempre pendiente del mundo. Porque hay realidad, aunque no para nosotros, el mundo sería apariencia. Por consiguiente, podríamos decir que o bien el deber ser es una ilusión —y que no hay más que la fricción de la materia—, o que el mundo, al fin y al cabo, es una ilusión. Tertium non datur.

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