crucial

diciembre 2, 2015 § Deja un comentario

Si Jesús hubiera muerto, ya anciano, de muerte natural ¿qué habría cambiado de la confesión cristiana? Pues todo. Jesús no hubiera sido mucho más que un profeta entre otros, un hombre de Dios, uno de los justos. Su idea de Dios quizá podría seguir siendo aún la nuestra, pero en modo alguno hablaríamos del Dios cristiano, esto es, del Dios que se revela en una tumba vacía. Difícilmente podríamos decir que Dios se da como un colgado en nombre de Dios, algo a todas luces desconcertante para cualquiera con un mínimo de sensibilidad religiosa. De ahí que Jesús tuviera que morir en una cruz. De ahí que la cruz sea, en definitiva, algo más que un accidente que podríamos haber evitado. Es tautológico y, por tanto irrelevante, decir que si hubiéramos hecho caso a Dios, Jesús no habría muerto como un perro. Pues Dios, que en principio no tiene nada de estúpido, ha de contar con la desobediencia del hombre. Por eso, si había plan, la cruz formaba parte de ese plan. La reconciliación con Dios —la redención de una humanidad culpable—exigía, en cierto sentido, el sacrificio del hombre de Dios. Creer lo contrario —creer que la cruz fue simplemente un error moral— nos pone en brazos de la gnosis, es decir, en la situación de aquellos que creen que, al fin y al cabo, la salvación de Dios consiste en dejarnos guiar por una recta enseñanza, algo demasiado ingénuo para ser cristiano. 

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