homo sacer
enero 19, 2016 § Deja un comentario
Declarar el carácter sagrado de la vida humana supone rechazar incondicionalmente el hecho de que unos tengan que morir o, cuanto menos, sufrir para que otros puedan vivir en paz. Esto es, supone rechazar el sacrificio que entraña el progreso histórico. No es posible, por tanto, defender el carácter sagrado del otro hombre y permanecer sujetos al dato natural. Pues lo natural es, sin duda, el sacrificio. De ahí, que Walter Benjamin insistiera tanto en que la cuestión mesiánica por excelencia no es la de si, al final, triunfará la paz sobre la violencia, sino qué vida pueden aún esperar las víctimas de la Historia. Y, evidentemente, no podemos responder a esta cuestión —o al menos no podemos hacerlo honestamente— en los términos de una suposición sobre la vida de ultratumba. Pues una suposición, como tal, se encuentra todavía de nuestro lado como para que pueda valer como verdad.